Doce Platos de Carne. Casa de la Entrevista, Alcalá de Henares (26 de marzo-26 de abril)

El pasado 26 de marzo, el Hay-untamiento y la Concejalía de Cultura de Alcalá de Henares, tuvo el deshonor de presentar esta propuesta artística multidisciplinar, comisariada por las artistas Zaida Escobar y Alba Eskabias. Y digo deshonor, puesto que algo debiera incordiar o abrumar a semejantes indignas instituciones, dado que, ni tan siquiera el Hay-untamiento en su conjunto, ha promocionado el evento con el orgullo al que un político -aunque espúreamente interesado en colgarse medallas- debiera aguerrirse con el objetivo de promocionar el producto local -y esas puerilidades de la Marca España, que tantas erecciones metafísicas provocan entre los despachos consistoriales-; ni, por supuesto, la mentada concejalía se dignó a enviar a su representante, la señora Dolores Cabañas González, que tan sorprendida y congratulada se mostraba en las líneas dedicadas a la introducción al excelente catálogo coordinado por María Jesús Gismero.DSC_0043_edited (FILEminimizer)

Más allá del evidente descaro y total falta de sensibilidad e inteligencia de nuestros cabildos y altruistas y vocacionales trabajadores públicos, la cuestión es que estos imparables cuerpos estéticos, han reunido el trabajo de doce sentipensantes -como diría el recién fallecido Eduardo Galeano-, que reflexionan acerca de la carne. A primera vista, podría parecer un banal recurso del arte contemporáneo que, popularmente entendido (por decirlo desde la más coloquial de las expresiones, pero sin recaer en el verdadero arroje epistémico que debiese desprenderse de ello), tanto gusta en proponer banalidades e incomprensivas reflexiones que van más allá de la clásica búsqueda de la belleza y la analgesia e inopia visual e intelectual.

Se trata, pues, de doce perspectivas multívocas, doce visiones identitarias acerca de la relación de nuestro pensamiento con el concepto de la carne. A lo largo de las doce diversas propuestas, podremos encontrar, desde la conservación de la mirada clásica hacia el cuerpo como portador de belleza visual, como la relación del individuo dentro de un mundo desindividualizado, que pierde su identidad en esa masa que hace recordar al informe amasijo cárnico con la que se preparan nuestras Macmierdas y kebabs; así como una redirección de la mirada hacia los objetos desatendidos o menospreciados del pensamiento estético por los conservadores defensores de la belleza como único criterio de validez. Apropiacionismos que reclaman el reciclaje como alegato a la obsoletización del propio cuerpo humano o herramientas de lucha de género que redundan, también, en aquellos aspectos velados de la racionalidad patriarcalista.

Así  pues, sirva este desinteresado testimonio como muestra del respeto y admiración por las obras de doce de nuestros artistas, que me hacen, indefectiblemente, sentir la certeza de que en nuestra ciudad, precisamente el talento no es lo que falta, sino el compromiso de las instituciones, que parecen atesorar sus espacios para limitarlos a la exposición de las trilladas y envenenadas regurgitaciones ideológicas -pues parece que si no se trata de tauromaquia, logística militar o liturgias católicas, no se mostrarán dispuestos a permitirnos el uso de NUESTROS espacios públicos- con las que tratan de desalentar a nuestros jóvenes y prometedores talentos.

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Aquella tarde de jueves, nos congregamos un par de decenas de fieles seguidores de las obras de nuestros protagonistas, en una Casa de la Entrevista revertida a la perfección para permitir el despliegue de una propuesta vitalmente innovadora y enriquecedora. Juan Andrés Alba, único representante político como Jefe de Cultura y Eventos, fue el encargado de inaugurar esta exposición, junto con las palabras de agradecimiento de la comisaria Zaida Escobar, una de las pintoras con mayor proyección de la ciudad, que contrastaba su talento con los nervios de ser la encargada de abanderar esta propuesta. Tras la explicación de su obra y la continuación de la labor por parte de Alba Eskabias, los asistentes nos quedamos con ciertas ganas de haber asistido a, algo así como una visita guiada, en la que cada obra fuese explicada por los propios autores. No fue así, bien por nerviosismo, bien por desinterés hacia el protagonismo o, quizá, por arreglo al duchampiano mandato de que sean quienes miren, quienes hagan los cuadros. Sea como fuere, esta última tarea sí que pudo ser llevada a cabo, puesto que el entrecruce de preguntas y respuestas entre el público y los artistas asistentes, marcaron la tónica de un relajado y fraternal ambiente de enriquecedor encuentro.

Y ya que hemos mentado aquello que ha acabado en convertirse como imperativo categórico del arte contemporáneo, me gustaría compartir con vosotros lo que éste que fue a mirar, puede haber reflexionado al respecto.

Siguiendo el orden del genial catálogo, la primera obra con la que nos encontramos, es la propuesta en clave de lectura de género, de Alba Eskabias. Nos presenta una colección de dibujos de granito sobre papel, adoptando la estética del vademécum biológico-medicinal, en las que podemos observar el fenómeno biológico del hermafroditismo. Grandísimo alegato de esta artista hacia la necesidad de eliminar la irracional hegemonía de la belleza en la reflexión estética, invitándonos a reflexionar sobre la determinación sociológica de la identidad sexual, en una sociedad que marca, desde el nacimiento, el género del individuo basándose en sus genitales.

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Pero que, mucho más allá del determinismo médico-biológico, también existen determinismos de carácter cultural tanto o más dignos de replanteamiento. Así, no solo nuestra mirada se ve impregnada por el choque visual, sino que una retahíla de mandamientos socioculturales imbuidos de carácter genérico, acompañan la propuesta visual, asegurando una ligadura cuasi sinestésica que, sin duda, no dejará a nadie impasible. Mucho menos si atendemos a las cruciales palabras que nos dedicó la artista, pues en la defensa de una lectura artística abierta a la sublimidad, la fealdad, la transgresión y todo aquel otro lado de la racio-sensibilidad, nos dedicó un interesante exabrupto, que, parafraseado, vino a decirnos que: lo diferente no es feo; la subversión es la belleza”.

Alberto Cerezo, nos presenta una serie de tres lienzos al acrílico, en la que podemos considerar la propuesta más grotesca y excitantemente oscura de la exposición. Su obra, plagada de crudeza y un inevitable sabor post-apocalíptico, nos habla sobre la distorsión de la forma humana, tomando como referente -claramente visible en Nostromo-, la figura del filme Alien. Como él mismo apuntala, se nos presenta ante nuestra mirada, una plasmación de una monstruosidad de algo así como los habitantes de un espacio que se ha convertido en inframundo. Una lectura vibrante, que tiene una clara y necesaria extensión a la relación del ser humano con el modelo de sociedad que continúa perpetuando, donde la relación con la naturaleza y la alteridad, acaban por tornarse en una pesadilla post o infra humana.

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Gonzalo Lechón, rescató un par de tablas impregnadas de técnica mixta, en la que la demencia del collage nos recuerda a elementos mixtos. Disparadero nos invita a reflexionar acerca del urbanismo en su relación con el sublime kantiano, es decir, es e imposible matemático en el que se convierte esa fuerza sobrehumana que excede y abruma al insignificante individuo. Con Malherío cayó, las reminiscencias visuales al modelaje femenino del arte clásico, se mezclan con el trasfondo nuevamente urbano e industrial.DSC_0108_edited (FILEminimizer)

Los dibujos de técnicas secas sobre papel y su óleo y tinta sobre tabla de Iván Chacón, nos mantienen en el recuerdo -tan infravalorado hoy con la incursión de las técnicas digitales-, de la relación del dibujo y el pensamiento. Plantea el dibujo como primer ejercicio del proceso creativo, [un] momento íntimo y biográfico, que nos evoca sensaciones sinestésicas, como el sonido y el tacto, que consiguen que mente y mano [hagan] que el dibujo sea una obsesión.

DSC_0157_edited (FILEminimizer)En la misma línea del revival del dibujo clásico, se encuentra su tocayo Iván Correa, presentándonos una colección de dibujos de bolígrafo sobre tabla, en los que el elemento primordial son el hiperrealismo y el exhaustivo juego con las texturas. Ambas, propuestas no muy contemporáneas que digamos -incluso podríamos achacar una propuesta demasiado anclada en la mirada heteropatriarcal-, pero que inevitablemente evocan sensaciones visualmente placenteras.DSC_0131_edited (FILEminimizer)

Laura Lucena ofrece una colección de óleos sobre lienzo, profundamente anclados en el trilladísimo recurso del voayeurismo heteropatriarcal, donde el intento por realzar la anónima belleza del cuerpo femenino desde un novedoso concepto del paisaje basado en el recorrido del mismo, acaba esfumando el interés por la reflexión profunda acerca del cuerpo. Una obra, sin duda bella, pero intrascendente y carente de arroje transgresor alguno.

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La multidisciplinar María Rivero, nos plantea la cuestión de la pérdida de la identidad social y objetual reflejo del mundo en el que vivimos. A partir de diversos recursos, como 8 idécticos, la escayola pigmentada que muestra una serie de moldes sorprendentemente irregulares, sus grabados, Decrecimientos, con alusiones a lo que parecen inscripciones biológicas de un mundo prehistórico y su talla sobre mármol Engranajes Divergentes; nos invita a retomar toda la fervencia de una cruda crítica en clave de antropología filosófica, haciéndonos replantear la condición de la individualidad en un mundo dominado por las masas uniformizadoras o el peso del origen sociocultural en contraste con el solipsismo liberal imperante.

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La parte dedicada a las esculturas humanoides, vienen de manos de Miguel Rojo, que nos presenta una colección de maniquíes, con el que, imagino, pretende que reflexionemos sobre el choque entre la autenticidad del individuo y el peso de los clichés desidentitarios de esta sociedad basada en la banalidad de la mirada, el aspecto homogeneizador y la ortodoxia como banderas de “consumo de indentidad”. También Raúl Armenteros nos presenta unas imposibles reconstrucciones con materiales reciclados, en la que Bolásfora y Cienpiés, ensamblajes del digno apropiacionismo reciclado, intentan ayudarnos a reflexionar sobre la relación del hombre y la materia,[…] gestionando el material urbano obsoleto, para reintegrarlo en forma de esculturas luminosas. Una obra que pide a voces la incursión de estos elementos en un urbanismo que no ceja en mostrar cómo nuestros políticos nos someten a aberraciones estéticas por el único fin de llevar a cabo sus deplorables chanchullos.

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El pintor Ricardo Zarza nos ofrece un par de óleos sobre tabla que vienen a representar la comunión entre la pintura intuitiva y la comandancia de la música, esta vez a cargo del monstruoso Camarón de la Isla. Otro ejercicio de simbiosis sinestésica que da como resultado Esperanza y Laberinto, pinturas oscuras, donde la difusión de las formas o los espacios parecen evocarnos la sensación de soledad e incomunicación del individuo en esta sociedad desindividualizada.

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En la línea de la relación del ser humano con su entorno, también es Yolanda Gómez otra firme defensora de la necesidad de introspección, retomando, en esta ocasión, la idea del contacto del ser humano con el animal y del peso del paso del tiempo. Consciente de que al ser humano le han alejado de la tierra, llegando incluso a destruirla, nos invita a plantearnos el nivel de consciencia de dicha ruptura, plasmando un ser humano envejecido, serio y distraído. Una propuesta estética incómoda e inquietante, donde la belleza se mezcla con una iconicidad difusa, asegurando un grato choque óptico-emocional.

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Y, como bien explicó en su introducción, Zaida Escobar, quiere que reflexionemos acerca de la apariencia externa de los sentimientos, las pasiones y los instintos. Sobre cómo vemos y cómo somos vistos, un refuerzo del problema metafísico del ser y parecer -atestiguado por la presencia de la obra La comunicación no verbal, de Flora Davis-. A través de sus dibujos de técnica mixta, estas Miradas subversivas nos evocan numerosas cuestiones de milenario peso filosófico, como la batailliana y baudrillardiana cuestión del voyeurismo existencial y cómo el sentido de nuestra propia existencia se construye a través de una mirada, para nada carente de un peso condicionado, como son los criterios de la belleza, la búsqueda de la homogeneidad y el encuentro impersonal de adecuación a las normas para las masas; así como la destrucción de los mismos criterios de la belleza y la apuesta por la mirada hacia la sublimidad, hacia ese otro racional al que nos exhortaba Edmund Burke en su ya legendaria Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y lo bello -también presente en el expositor previo a la galería- por medio de tres impactantes y grotescas plasmaciones de la mirada de tres “ciegos”. Otra de sus absorbentes e hipnóticas propuestas cargadas de agresividad e incomodidad estética, que, sin duda, uno es incapaz de petrificarse ante ellas y debatirse entre la incomodidad de la percepción óptica y el placentero deleite por la contemplación de lo mórbido y lo grotesco.

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En fin, estos Doce platos de carne, son una obligada parada para todos aquellos alcalaínos -y esperemos que también forasteros con hambre de reflexión estética-, que quieran corroborar el derroche de talento y la variedad de propuestas con que cuenta nuestra desatendida escena cultural complutense. Tienen hasta el domingo que viene, día 26, para disfrutar de esta variopinta propuesta en la Casa de la Entrevista de Alcalá de Henares.

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4 pensamientos en “Doce Platos de Carne. Casa de la Entrevista, Alcalá de Henares (26 de marzo-26 de abril)

  1. Estupenda a la vez que amplia y concisa critica.Me parece que una apuesta tan trabajada,atrevida,joven y digna como esta se merecen una reflexion constructiva como la tuya.gracias

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